Soraya Suárez Ariza llamó la atención sobre un riesgo que, a su juicio, erosiona la vida interna de los partidos: personas que llegan con la promesa de sumar al proyecto, pero acaban sembrando divisiones, desplazando liderazgos y levantando espacios propios de poder. Su reflexión, recogida en el artículo de opinión “El Caballo de Troya también milita en los partidos políticos y sus corrientes”, reabre el debate sobre la vigilancia que exigen las estructuras políticas cuando la lealtad que se proclama no coincide con la conducta real dentro de la organización.
La diputada por Santiago afirmó que ese “Caballo de Troya” de la política actual no siempre se presenta como un adversario frontal, sino como alguien que se integra, gana confianza y luego aprovecha la estructura para impulsar intereses particulares. “Habla de unidad mientras provoca divisiones. Habla de equipo mientras construye parcelas. Habla de lealtad mientras calcula posiciones”, expresó, al marcar el contraste entre el discurso partidario y unas prácticas que, según advirtió, pueden debilitar proyectos levantados durante años.
Suárez Ariza defendió que la apertura a nuevos actores debe ir acompañada de criterio y de capacidad de fiscalización interna para distinguir quién fortalece realmente a la organización y quién la utiliza. También pidió respeto a los liderazgos territoriales y a quienes sostuvieron las estructuras políticas cuando no existían posiciones de poder ni beneficios políticos. “Los territorios tampoco se dirigen desde una libreta con nombres. Existen historias, liderazgos y afectos”, afirmó.
