La dimisión del primer ministro de Moldavia, Alexandru Munteanu, dejó este viernes en evidencia el desgaste de un Gobierno acosado por las críticas a su gestión de la crisis económica y abrió un nuevo foco de incertidumbre política en el país. La renuncia llegó después de un encuentro con la presidenta Maia Sandu, en un momento en que la presión sobre el Ejecutivo ya se había intensificado por la falta de resultados frente al deterioro económico.
A través de redes sociales, Munteanu anunció su salida y dio por concluido su mandato. En ese mensaje agradeció la oportunidad de haber encabezado el Gobierno y afirmó que asumió el cargo con sentido de responsabilidad y con la convicción de promover cambios positivos.
También reconoció que decidió apartarse cuando entendió que ya no podía ejercer sus funciones de acuerdo con sus principios y convicciones personales. «En el momento en que comprendí que ya no podía ejercer mi mandato de acuerdo con los principios y creencias que tengo, decidí marcharme», expresó el exfuncionario.
La marcha de Munteanu no cierra la crisis, sino que la sitúa en el centro del poder. Analistas apuntan a que su renuncia podría derivar en una reorganización del gabinete o en la designación de un nuevo jefe de Gobierno, con la intención de recuperar estabilidad política y económica. La mirada queda ahora sobre Maia Sandu, llamada a ofrecer respuestas en un escenario en el que el relevo en la jefatura del Gobierno amplía el contraste entre la conducción oficial y la magnitud de los problemas pendientes.
