La investigación del Ministerio Público en Valverde por la denuncia de presunta agresión sexual contra una joven haitiana vuelve a poner en primer plano la capacidad de control y vigilancia dentro de la Policía Nacional, más allá del discurso oficial sobre derechos humanos y transparencia.
El director regional Noroeste de la Policía, general Ramón S. Azcona Reyes, informó que se ordenó una pesquisa para aclarar lo ocurrido y determinar responsabilidades. La denuncia se produjo luego de que la joven, en condición migratoria irregular, fuera detenida el pasado domingo junto con otras personas durante un operativo en el municipio de Esperanza y posteriormente reportara la presunta agresión.
La Policía añadió que los agentes que intervinieron fueron citados por la Unidad de Atención a la Violencia de Género del Ministerio Público para ser entrevistados y colaborar con el proceso. Indicó además que la joven fue evaluada por un médico legista y que el certificado médico preliminar establece que no presenta evidencias de agresión sexual, aunque las pesquisas siguen en curso para establecer de forma objetiva e imparcial lo sucedido.
Que los policías involucrados hayan quedado a disposición del Ministerio Público no disipa la alarma institucional: la gravedad de la denuncia, la situación de vulnerabilidad de la detenida y la decisión de no revelar los nombres de los agentes mantienen activas las exigencias de fiscalización pública y de seguimiento por parte de la sociedad civil. En un caso que compromete seguridad, derechos y confianza institucional, el costo social no se mide por el comunicado, sino por la capacidad del Estado de ofrecer respuestas verificables y responsabilidades claras.
