El avance de los proyectos eólicos y solares en Estados Unidos se enfrenta a una dura prueba de ejecución entre la falta de mano de obra, la escasez de equipos y la eliminación de créditos fiscales por parte de la administración Trump. Aunque la capacidad solar en construcción ha subido un 50 por ciento desde comienzos de 2025 y los proyectos eólicos un 60 por ciento, ese impulso llega con un calendario más ajustado y con mayores riesgos para terminar las obras.
Para aprovechar los incentivos antes de su expiración, los desarrolladores se han apresurado, pero ahora deben iniciar construcción antes del 4 de julio y demostrar continuidad en la edificación para poder calificar, dentro de un proceso de «safe harbouring» que reduce el margen que esperaban tener. Con la Ley de Reducción de la Inflación de Joe Biden, esos créditos fiscales para solar y eólica debían empezar a retirarse gradualmente a finales de 2033.
La consecuencia es un sector forzado a escoger proyectos y dejar otros de lado por falta de recursos o por demoras previsibles. «Muchos proyectos van a morir en la vid», dijo Reagan Farr, director ejecutivo de Silicon Ranch. El riesgo aparece además mientras la demanda de electricidad sigue creciendo en EE. UU.: según ICF, aumentaría un 25 por ciento entre 2025 y 2030 y un 78 por ciento para 2050, impulsada por centros de datos, vehículos eléctricos y electrodomésticos como las bombas de calor.
