La cifra de 31 recién nacidos fallecidos entre julio y agosto en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia volvió a centrar la atención sobre los mecanismos de control en los centros públicos, después de que el Servicio Nacional de Salud confirmara un brote bacteriano detectado en agosto que afectó a 15 neonatos. Pese a que el SNS afirma que solo tres de esos decesos estuvieron directamente relacionados con las bacterias, el episodio dejó en el centro del debate la capacidad de prevención y respuesta frente a gérmenes nosocomiales en un entorno de alta vulnerabilidad.
De acuerdo con los datos aportados por la coordinadora neonatal del SNS, Taína Malena, los tres recién nacidos que murieron por el brote eran prematuros extremos. Los otros 28 fallecimientos registrados en ese período fueron atribuidos a complicaciones complejas, entre ellas anomalías congénitas, hipertensión pulmonar y prematuridad.
En cuanto a los 15 neonatos impactados, cuatro recibieron el alta y ocho continúan bajo estricta observación médica, mientras siguen abiertas las preguntas sobre el alcance del episodio y sobre el seguimiento público a las medidas que se han adoptado.
Después de detectar el brote, el director del SNS, Julio Landrón, junto con las autoridades sanitarias, ordenó la intervención del centro, la auditoría clínica de expedientes y el refuerzo de los protocolos de aislamiento, higiene de manos, desinfección profunda y uso racional de antimicrobianos. El hecho de que esas disposiciones se aplicaran tras la detección refuerza la exigencia de rendición de cuentas sobre los controles previos en una maternidad expuesta a bacterias como la Klebsiella multirresistente y la Serratia, microorganismos asociados a entornos hospitalarios.
