Los resultados presentados por el proyecto Punta Bergantín y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) reabren una discusión que va más allá del discurso sobre crecimiento turístico: cuánto de ese éxito se convierte realmente en bienestar para la comunidad que recibe la inversión. El estudio, realizado en Villa Montellano, Puerto Plata, parte de una revisión del impacto económico de las operaciones del proyecto y coloca en primer plano una alerta institucional sobre la distancia entre los indicadores del sector y la realidad social del territorio.
Para el levantamiento, investigadores del INTEC entrevistaron a 322 familias, 92 negocios y 15 líderes comunitarios, además de usar datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN), el Banco Central y los ministerios de Turismo (MITUR) y Hacienda, entre otras fuentes oficiales. El hallazgo central del texto es que una comunidad con fuerte arraigo —60.56 % de los entrevistados siempre ha vivido allí y 87.58 % no piensa mudarse— convive al mismo tiempo con vulnerabilidades importantes: casi siete de cada diez hogares están en condiciones socioeconómicas bajas o marginales.
Ese cuadro refuerza la necesidad de vigilancia sobre la gestión pública y privada alrededor del proyecto. El propio enfoque del estudio subraya que generar empleos no garantiza que esos puestos sean ocupados por la población circundante si antes no se prepara a la comunidad. En un contexto donde el gobierno dominicano suele exhibir cifras del turismo como señal de éxito, el caso de Villa Montellano introduce un contraste entre discurso y realidad y deja abierta una exigencia de rendición de cuentas sobre cómo se traducen la inversión, la planificación y las políticas de Hacienda y MITUR en resultados concretos para la gente.
