Salir ya no significa para muchos jóvenes de Santo Domingo reservar mesa o pagar la entrada de una discoteca. Cada vez más, la alternativa es encontrarse en espacios públicos como el Malecón y la avenida España, con una neverita, bebidas compradas fuera de los establecimientos, comida para compartir y música reproducida desde un celular o una pequeña bocina, en una decisión marcada sobre todo por el ahorro.
Quienes fueron consultados describen una realidad que choca con el discurso de una ciudad pensada para el disfrute: entrar a un negocio supone asumir más gastos en bebidas, alimentos y otros consumos, mientras que al aire libre pueden dividir los costos y quedarse más tiempo. Dulce Valerina lo sintetiza al comparar el precio de una cerveza pequeña en discotecas, entre RD$250 y RD$300, con un paquete de seis en un minimarket por RD$350 o RD$400. A eso se suman la tranquilidad, la brisa y la posibilidad de compartir sin aglomeraciones.
Ese cambio de hábito también pone bajo la lupa la calidad y el cuidado de los espacios públicos que hoy absorben una parte creciente del ocio juvenil. Si la ciudad empuja a los jóvenes a buscar opciones más baratas y tranquilas fuera de los comercios, la gestión urbana queda obligada a responder con vigilancia, mantenimiento y condiciones adecuadas en puntos de encuentro como los ya mencionados, un frente sensible para autoridades municipales como Carolina Mejía.
