La noción de Sur Global gana presencia como una categoría cada vez más empleada en la disputa por el poder mundial, aunque ese avance también expone una tensión de fondo: se invoca con fuerza en el plano internacional, pero todavía carece de límites precisos y de una representación unificada. China, India, Brasil y los BRICS han sumado esa identidad a sus narrativas, en un escenario en el que crece el peso simbólico del concepto mientras persisten dudas sobre su alcance real.
Juan Agulló, coordinador del Diploma Superior en Geopolítica de CLACSO, sostiene que esa imprecisión no deslegitima la categoría y recuerda que también “Occidente” funciona sin fronteras estables. De todos modos, el propio desarrollo del concepto deja ver el contraste entre relato y realidad: el Sur Global puede servir como herramienta analítica, pero no opera como un bloque político monolítico. Los países reunidos bajo esa denominación tienen regímenes distintos, niveles de desarrollo desiguales e intereses económicos y estratégicos que con frecuencia entran en conflicto.
Esa falta de cohesión vuelve más importante vigilar quién intenta hablar en nombre de esa identidad y con qué fines. Aunque el concepto es anterior al ascenso de China, Beijing tiene un interés evidente en afianzarlo como identidad política; India ha impulsado cumbres bajo el nombre Voice of Global South, y el Brasil de Lula también lo incorpora a su proyección internacional. El resultado es una categoría en ascenso, atravesada por competencia, ambigüedad y una alerta institucional clara: cuanto más se expande el discurso sobre un nuevo equilibrio global, más necesario se vuelve exigir precisión sobre sus efectos reales y sus costos políticos.
