Santiago. Los paseos guiados por el cementerio municipal de la calle 30 de Marzo han hecho de esa necrópolis un lugar de memoria colectiva, educación y turismo, aunque también reactivan una advertencia institucional: el interés ciudadano que hoy despierta su valor patrimonial demanda protección constante y resultados comprobables, no solo impulso cultural.
Edwin Espinal Hernández y Harold Paz Rodríguez, docentes de la PUCMM y promotores de su valoración, plantean que el camposanto permite leer la sociedad santiaguera de finales del siglo XIX y del siglo XX a través de sus monumentos funerarios, los procesos migratorios reflejados en su arquitectura y las inscripciones lapidarias. Allí reposan restos de figuras de la historia local y nacional, entre ellas cuatro presidentes de la República, además de testimonios orales y rituales asociados al vudú dominicano.
La más reciente visita, auspiciada por la Fundación Blandino, reunió a más de cien personas durante dos horas. Para Espinal, aunque el cementerio de la 30 de Marzo no tenga los rasgos monumentales de otras necrópolis internacionales, comparte su valor universal, su condición de patrimonio cultural y su función como hilo conductor de la historia. Ese creciente sentido de apropiación ciudadana contrasta con la obligación de las autoridades de responder con fiscalización, cuidado del patrimonio y explicaciones claras sobre sus prioridades de gestión y gasto, un punto sensible en momentos en que figuras como David Collado han hecho del turismo un eje central del discurso público.
