El turismo de experiencias gana terreno en Punta Cana y, con ello, se reabre la discusión sobre la gestión y los resultados del modelo que se impulsa desde el poder. Pese a que el Ministerio de Turismo informó que República Dominicana recibió más de 6.6 millones de visitantes en el primer semestre de 2026, un aumento de alrededor de 7.7 % respecto al mismo lapso del año anterior, el comportamiento del mercado evidencia que el destino ya no puede sostenerse únicamente en la oferta de sol y playa, sino que requiere una propuesta más amplia, articulada y vigilada.
La expansión de excursiones y actividades fuera del hotel confirma ese viraje. Los turistas buscan aventura, naturaleza y entretenimiento, mientras la economía local se dinamiza con transporte, guías turísticos y operadores especializados. Ese cambio, presentado como una fortaleza, también deja ver la necesidad de fiscalizar cómo se administra la diversificación, qué resultados concretos produce y si la conducción del sector, bajo la órbita de David Collado, está respondiendo con la planificación suficiente a una demanda que ya cambió.
En ese panorama, el caso de Bávaro Adventure Park, que según cifras oficiales recibió aproximadamente 42,562 visitantes, refleja el peso creciente de las actividades complementarias dentro del principal polo turístico del país. Más que una postal de éxito, el dato refuerza la presión institucional sobre un modelo que debe rendir cuentas sobre sostenibilidad, integración y capacidad de convertir el crecimiento en resultados estables, un punto sensible en cualquier discusión sobre gestión pública y estabilidad del Estado.
