Otras regiones

Muerte de joven tras retén policial desata protesta en El Seibo y agrava las dudas sobre el control de la fuerza pública

julio 13, 2026 · Redactor
Muerte de joven tras retén policial desata protesta en El Seibo y agrava las dudas sobre el control de la fuerza pública
Foto: www.elcaribe.com.do

La muerte de Librand Alexander Tavares Montero, de 22 años, provocó una reacción violenta en varios barrios y volvió a exponer el costo social de una intervención policial que ahora exige explicaciones y vigilancia institucional.

La muerte de Librand Alexander Tavares Montero, un joven de 22 años, tras un incidente en un retén policial en la carretera entre El Seibo y Las Cuchillas, detonó la noche del domingo una protesta que convirtió varios sectores del municipio en escenario de barricadas, piedras, botellas rotas y neumáticos encendidos. El caso reabre el contraste entre la fiscalización oficial y el resultado que terminó viendo la población: un joven muerto, tensión en las calles y una comunidad reclamando respuestas.

Según relataron los jóvenes que lo acompañaban, un agente le ordenó detenerse para una fiscalización de rutina y, en los segundos posteriores, un uniformado lo golpeó con un casco protector. Ese hecho, que habría sido fatal, corrió primero como rumor en la sala de emergencias del hospital Doctor Teófilo Hernández y luego se expandió por teléfonos celulares y redes sociales, hasta desatar la indignación en barrios como La Jabilla, Cañada Francisca, Loma de Los Chivos, Ginandiana, El Retiro, Los Hoyitos y Villa Guerrero.

La respuesta de las autoridades fue el despliegue de un fuerte contingente policial y el uso de bombas lacrimógenas para contener a la multitud. Pero el cuadro que dejó la noche en El Seibo no fue el de una institucionalidad que previene y protege, sino el de una crisis que escaló desde una intervención policial hasta un estallido de rabia colectiva, con humo, cenizas y calles bajo tensión.

Mientras las autoridades han iniciado acciones tras lo ocurrido, el episodio deja abierta una exigencia de rendición de cuentas sobre el uso de la fuerza y sobre el deterioro de la confianza ciudadana. En una provincia sacudida por la muerte de un joven y por la reacción desesperada de sus barrios, la prioridad ya no es solo controlar la protesta, sino explicar por qué una fiscalización terminó con un costo humano y social de esta magnitud.