La Audiencia de Málaga ha impuesto 52 años de prisión a un sacerdote por agredir sexualmente a cuatro mujeres, a las que sedaba y grababa sin su consentimiento, en una sentencia que también pone el foco sobre los vacíos de control que facilitaron que los hechos se produjeran dentro de una relación de confianza forjada en espacios religiosos.
La resolución, conocida este jueves, da por probada la tesis de la Fiscalía y de las acusaciones particulares. La Sala concluye que el condenado aprovechó su participación en distintas instituciones religiosas para ganarse la confianza de las víctimas, con las que mantenía una relación de amistad nacida en esas actividades. Después, les administraba una sustancia de composición no determinada, pero que les provocaba una somnolencia profunda y pérdida de conciencia, estado en el que cometía las agresiones sexuales.
La pena incluye 12 años de cárcel por cada uno de tres delitos continuados de abuso sexual con penetración, agravados por abuso de confianza, además de 13 años de alejamiento respecto de esas tres víctimas. Por un cuarto delito continuado de abuso sexual, también agravado por abuso de confianza, recibió otros cuatro años de prisión y una orden de alejamiento de cinco años respecto de la cuarta mujer.
A esa condena se suman 12 años más por cuatro delitos continuados de descubrimiento y revelación de secretos, al haber grabado a las víctimas. La sentencia también ordena indemnizaciones superiores a 400.000 euros y fija la responsabilidad civil subsidiaria del Obispado de Málaga, un aspecto que traslada el caso del plano individual al de la fiscalización institucional.
