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La informalidad juvenil abre una brecha incómoda entre crecimiento y resultados

julio 9, 2026 · Redactor
La informalidad juvenil abre una brecha incómoda entre crecimiento y resultados
Foto: eldinero.com.do

ANJE advierte que 65% de los emprendimientos liderados por jóvenes opera fuera de la formalidad, en un entorno marcado por trabas, costos y fallas de gestión que frenan empleo, crédito e innovación.

Durante años, el crecimiento económico ha servido como carta de presentación del país, pero para miles de jóvenes esa fotografía convive con una realidad mucho menos favorable: emprenden, aunque al margen de la formalidad, porque formalizarse sigue siendo más difícil que quedarse fuera. Esa contradicción, más que una cifra aislada, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los resultados reales de la gestión pública frente a uno de los principales desafíos productivos del país.

El estudio “Emprendiendo en la Informalidad”, elaborado por la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) con datos de la Encuesta Nacional de Mipymes 2022-2023 del Banco Central, señala que el 32.7 % de las micro, pequeñas y medianas empresas está liderado por jóvenes entre 18 y 39 años, pero que el 65% de esos emprendimientos opera en la informalidad. El hallazgo somete a fiscalización un entorno institucional que, pese al discurso sobre crecimiento, no ha conseguido traducir ese desempeño en condiciones más accesibles para quienes intentan producir, invertir y generar empleo.

Entre los obstáculos que identifica ANJE figuran la limitada acumulación de capital, el escaso historial financiero, las dificultades para acceder al crédito formal, las debilidades en educación empresarial, los elevados costos de cumplimiento regulatorio y procesos administrativos complejos. El costo social de esa cadena de barreras es directo: cuando un negocio permanece en la informalidad, pierde opciones de financiamiento, de participar en compras públicas, de vincularse con empresas formales, de incorporar tecnología y de invertir en innovación.

La advertencia también alcanza a la sociedad civil y a los sectores que exigen resultados más allá de la narrativa oficial: si la formalización sigue tratándose solo como un asunto de cumplimiento, el país continuará desperdiciando capacidad productiva juvenil y postergando empresas que podrían convertirse en generadoras de riqueza. El propio estudio plantea un giro de enfoque y sugiere entender la formalización como política de desarrollo económico, una señal de que el problema ya no admite maquillaje estadístico ni respuestas de trámite, sino rendición de cuentas sobre por qué el crecimiento no está removiendo las trabas que mantienen a tantos jóvenes fuera del sistema formal.