El entierro de Darlin Enmanuel Mercado Reyes en La Cañada de Guajimía no solo estuvo marcado por el dolor. También reavivó las críticas a la actuación policial y el contraste entre el discurso de control y la realidad que golpea a comunidades como Herrera. Este domingo, familiares, amigos y vecinos acompañaron el cortejo fúnebre del joven de 19 años, muerto por un disparo durante un operativo policial ocurrido el viernes a pocos metros de su casa.
La procesión hasta el cementerio Cristo Redentor, por la avenida Prolongación 27 de Febrero, reunió a decenas de residentes, motoristas y allegados que exigieron esclarecer lo ocurrido y sancionar a los responsables. La congestión vehicular causada por la caravana reflejó el impacto social del caso en el sector, donde la indignación se mezcló con la percepción de que otra vez la respuesta oficial llega tarde frente a una muerte que ya sacudió a toda una comunidad.
Darlin fue descrito por sus familiares como un joven trabajador, respetuoso y de principios cristianos, que desde pequeño ayudaba a su padre en una empresa de luminotecnia y buscaba progresar mientras aportaba al sustento del hogar. Esa imagen, reforzada por vecinos y allegados, acentúa la presión sobre las autoridades para explicar cómo un operativo policial terminó con la vida de un muchacho de 19 años en las inmediaciones de su residencia.
De acuerdo con el relato de testigos y familiares, el disparo fatal habría sido realizado por el agente José Francisco Moreta Heredia. Sin embargo, hasta ahora no se han difundido detalles oficiales sobre las circunstancias exactas del operativo ni sobre eventuales acciones judiciales posteriores, un vacío que alimenta la demanda de fiscalización y mantiene abierta la alerta institucional sobre el uso de la fuerza.
En el sepelio sonaron canciones como “Yo te extrañaré”, de Tercer Cielo, y “Nos volveremos a ver”, de Tito Rojas, acompañando el dolor de los presentes. Pero el cierre de la jornada no fue solo de luto: vecinos y familiares insistieron en que el caso no puede quedar impune, mientras la sociedad civil vuelve a quedar ante la tarea de vigilar que la exigencia de justicia no sea desplazada por el silencio oficial ni por la rutina política.
