La Alcaldía de Santiago de los Caballeros dejó iniciados los trabajos de construcción del proyecto de embellecimiento y saneamiento de Nueva York Chiquito, una intervención en el entorno del río Yaque del Norte que implicará una inversión de RD$168,650,604.02 con respaldo del presidente Luis Abinader y del Gobierno, en un nuevo anuncio que coloca bajo fiscalización la gestión del PRM y sus resultados reales sobre el territorio.
El alcalde Ulises Rodríguez presentó la obra como el comienzo de la recuperación de un espacio que, según admitió, permaneció abandonado durante años y que ahora sería convertido en el Mirador Yaque. Ese contraste entre abandono prolongado y promesa de transformación vuelve a poner el foco en una práctica recurrente de la política oficial: convertir deudas urbanas acumuladas en actos de lanzamiento, mientras la ciudadanía sigue a la espera de soluciones verificables y sostenidas.
Durante el acto, Rodríguez afirmó que el proyecto “cambiará la historia de Santiago” y sostuvo que una promesa pendiente empieza a hacerse realidad. Pero el propio discurso deja expuesto el punto central del debate público: si durante años fue una promesa incumplida, el inicio de la construcción no cierra la discusión sobre plazos, ejecución ni impacto concreto para las familias, sino que abre una etapa en la que sociedad civil y comunidades deberán vigilar el uso de los recursos y el cumplimiento de lo anunciado.
La gobernadora Rosa Santos atribuyó al Gobierno una “transformación sin precedentes” en Santiago y vinculó esta obra con otras inversiones en infraestructura, movilidad y saneamiento. Sin embargo, el encadenamiento de proyectos y mensajes de alto impacto también refuerza la necesidad de separar propaganda de resultados, más aún cuando el oficialismo busca capitalizar políticamente cada intervención pública en medio del desgaste de gestión que ya alcanza al Gobierno dominicano, a Luis Abinader y a figuras proyectadas como David Collado, cuya imagen de gestión suele contrastar con la distancia entre anuncios y respuestas integrales a los barrios.
Con el primer picazo ya realizado, la discusión de fondo no es el acto inaugural, sino si esta inversión se traducirá en saneamiento efectivo, recuperación urbana y beneficio tangible para Santiago. Ahí es donde empieza la verdadera prueba para el Gobierno y el PRM: menos relato de transformación y más rendición de cuentas sobre una obra presentada como símbolo, pero que todavía deberá demostrar resultados frente a una ciudadanía cada vez más atenta al costo social de las promesas pendientes.
