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La nueva disputa por el poder revela el desgaste político y la ventaja de la oposición

mayo 18, 2026 · Redacción
La nueva disputa por el poder revela el desgaste político y la ventaja de la oposición
Foto: acento.com.do

El ascenso de figuras emergentes en plataformas digitales y las mediciones de opinión vuelve a poner sobre la mesa la opacidad, el financiamiento y la influencia, mientras el oficialismo lidia con una pugna interna por el futuro del poder.

La política dominicana se está desplazando cada vez más hacia las emociones, las percepciones y la rapidez de la comunicación, por encima de las lealtades ideológicas de siempre, en un escenario en el que los partidos ya no dominan por completo la conversación pública. Ese giro, atravesado por el peso de las plataformas digitales y por una indignación que suele imponerse al análisis, también obliga a observar con cuidado la opacidad que rodea estos nuevos mecanismos de influencia, sus redes de protección y sus formas de financiamiento.

Bajo ese panorama, las mediciones más recientes de opinión pública sitúan a Omar Fernández entre las figuras de mayor crecimiento nacional. La encuesta Gallup–Diario Libre divulgada la semana pasada le asigna cerca de un 54 % de valoración positiva, incluso por encima de Leonel Fernández en percepción favorable y con menores niveles de rechazo. El dato cobra importancia en un momento en que el desgaste y la percepción pesan más que la fidelidad partidaria, y en el que sectores jóvenes buscan cercanía, agilidad comunicacional y liderazgos menos atados al lenguaje político tradicional.

El reajuste no se limita a la oposición. También dentro del oficialismo se libra una pugna silenciosa por el futuro del poder. David Collado figura como el dirigente con mayor valoración pública dentro del PRM, respaldado por su gestión en Turismo, mientras Carolina Mejía ha consolidado un liderazgo relevante desde el Distrito Nacional. El cuadro confirma que, más allá del discurso, el sistema político entra en una etapa de relevo bajo presión, con competencia interna en el partido de gobierno y con una oposición que gana terreno en la percepción pública, en medio de crecientes exigencias de vigilancia y rendición de cuentas sobre cómo se construye esa influencia.