La condena de Marc Henry Menard en Nueva York por un fraude de inversiones de más de US$600,000 contra 11 personas de la comunidad haitiana vuelve a poner el foco en el costo social de los esquemas que prosperan sin controles efectivos. La fiscal general Letitia James informó que el acusado, exresidente de Mineola, ejecutó durante tres años una operación basada en promesas de ganancias mensuales de entre 12% y 20%, mientras captaba recursos en Nueva York, Florida y Georgia.
La investigación estableció un fuerte contraste entre el discurso de rentabilidad y la realidad del manejo de los fondos. Menard, que operaba a través de Marcotech, LLC, no estaba registrado para ofrecer ni vender valores, y destinó el dinero principalmente a operaciones financieras de alto riesgo y a gastos personales. Entre julio de 2021 y octubre de 2022 perdió más de US$670,000 en transacciones especulativas, al tiempo que usaba recursos de inversionistas para pagar a participantes anteriores y sostener un estilo de vida de lujo, con más de US$100,000 en viajes a Turquía, Puerto Rico y Disney World, además de la compra de un Mercedes-Benz 2021, un BMW 2022 y artículos de Gucci y Louis Vuitton.
Las autoridades también determinaron que presentó un comprobante bancario falso con un saldo superior a US$8 millones y una plataforma manipulada que mostraba un patrimonio de más de US$1 millón. Aunque fue condenado a cinco años de libertad condicional, inhabilitado por el mismo período para participar en el sector de valores y reconoció una deuda de US$385,271 con las víctimas, el caso deja una alerta institucional sobre la vigilancia de este tipo de operaciones y sobre el impacto que la falta de transparencia puede tener en ciudadanos que terminan asumiendo las pérdidas.
