La decisión del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-APHIS) de suspender la importación de mango fresco dominicano, luego de detectar fallas en el protocolo de monitoreo de la mosca de la fruta, dejó en evidencia la capacidad de control fitosanitario del país. Aunque buena parte de la zafra 2026 ya había salido, la medida acarrea un impacto económico y reputacional que vuelve a colocar bajo la lupa debilidades de gestión señaladas con anterioridad.
El economista Winston Marte advirtió que la disposición no se reduce a la pérdida puntual de fruta, sino que afecta la credibilidad internacional del país y puede arrastrar a otros rubros agrícolas si no se corrigen las fallas institucionales. De acuerdo con su explicación, los productores afrontan pérdidas inmediatas y un riesgo económico grave para la próxima zafra, mientras los exportadores se enfrentan a cancelaciones de contratos, gastos extra por desvío hacia mercados alternativos y una alteración de la cadena logística que también reduce el empleo técnico en zonas rurales.
Marte afirmó además que la sanción pone en evidencia la falta de continuidad técnica en la vigilancia fitosanitaria, pese a advertencias notificadas desde 2023, y alertó que la respuesta ha sido reactiva y sin una carrera técnica estable, lo que deja al país expuesto ante auditorías de la Unión Europea, Reino Unido y Canadá. Las pérdidas podrían superar los 20 millones de dólares y las exportaciones ya han caído en más de 2 millones de dólares. Frente a ese panorama, recomendó un plan de acción de emergencia, reincorporar técnicos experimentados, asignar presupuesto suficiente y evaluar daños y pérdidas para compensar a los productores afectados.
