La desaparición de la avioneta dominicana matrícula HI-1145, reportada por los Servicios de Tránsito Aéreo de Trinidad y Tobago, volvió a colocar en el foco la capacidad de respuesta institucional frente a una emergencia aérea que todavía no ha sido esclarecida. La aeronave, un Beechcraft BE-58P registrado a nombre de JM Espinosa Agroindustria, S.R.L., había despegado del Aeropuerto Internacional de Punta Cana con rumbo a Canouan Island, en San Vicente y las Granadinas.
De acuerdo con las autoridades dominicanas, el Centro de Control de Área de Piarco informó al Departamento de Búsqueda y Salvamento del Instituto Dominicano de Aviación Civil la declaración de fase de peligro por la desaparición del aparato. La última ubicación conocida fue reportada a unos 4,000 pies de altitud y a cerca de 40 millas náuticas al sur del Aeropuerto de Kingstown, luego de que se perdiera el contacto radar y las comunicaciones durante el trayecto.
Los registros del Sistema Integrado de Gestión Aeronáutica también señalan que la aeronave había efectuado operaciones de vuelo el 10 y el 12 de junio en San Vicente y las Granadinas. Aunque los controladores activaron la secuencia de emergencia prevista por la OACI hasta declarar la fase de peligro, el caso sigue dejando abierta la exigencia de seguimiento y fiscalización sobre el manejo de una situación sensible que involucra una aeronave dominicana fuera del país.
