WASHINGTON. El Congreso de Estados Unidos entró en receso previo a las elecciones legislativas del 3 de noviembre con un balance que agrava las dudas sobre su capacidad de respuesta: apenas ha aprobado 119 leyes, un registro que lo coloca como el menos productivo de la historia moderna del país en más de medio siglo.
De unas 19.000 iniciativas presentadas, el Congreso número 119 solo ha dado luz verde a menos del 1 %, una brecha que refuerza el contraste entre la actividad política y los resultados concretos. Aunque los legisladores volverán al Capitolio el 9 de noviembre y seguirán en sesiones hasta el 3 de enero, las cifras hacen poco probable que abandone el último lugar de productividad. Para siquiera superar al Congreso anterior, que aprobó 274 leyes entre enero de 2023 y enero de 2025, tendría que sacar adelante 156 normas adicionales en las semanas restantes.
El receso también deja abierta una agenda sensible, con las 12 leyes presupuestarias anuales todavía pendientes, además de la autorización de defensa nacional, una extensión de las facultades de vigilancia y un proceso de juicio político contra el secretario de Defensa, Pete Hegseth, presentado por el congresista republicano Thomas Massie. Mientras los republicanos sostienen que varias medidas fueron absorbidas por proyectos de gran alcance como la “Gran y hermosa ley” impulsada por el presidente Donald Trump, el dato central sigue siendo otro: el volumen de leyes aprobadas continúa muy por debajo del de otros congresos, en una señal de desgaste institucional que obliga a mayor escrutinio sobre la gestión y sus prioridades.
