La tensión se agravó en las últimas 24 horas en varios frentes del suroeste de Yemen, cerca del estrecho de Bab el Mandeb, uno de los puntos más sensibles de la crisis, con combates más intensos entre los rebeldes hutíes y las fuerzas gubernamentales. Los enfrentamientos se concentraron en Al Aghabera y Jabal Habashi, en Taiz, y en Al Madhariba, en Lahj, donde ambos bandos intercambiaron fuego de artillería y las tropas oficiales rechazaron ataques en Bani Bakari y Jabal Habashi, según fuentes militares citadas por EFE.
La escalada se extendió también al sur de Taiz, Ras al Ara y Kahbub, en Lahj. Las fuerzas gubernamentales aseguraron haber destruido vehículos hutíes, pero el impacto humano volvió a marcar el costo inmediato del conflicto: en Ras Umaira murieron al menos cuatro soldados gubernamentales y varios más quedaron heridos después de que un misil hutí alcanzara su posición. Los bombardeos llegaron además a zonas de Dhubab, a unos 50 kilómetros de Bab el Mandeb, y fueron respondidos con ataques aéreos y fuego de artillería contra posiciones rebeldes.
En plena ofensiva, el portavoz del Ejército yemení, Majid al Nuzaili, sostuvo que las fuerzas gubernamentales llevaron a cabo 356 operaciones en diez frentes y que 476 combatientes hutíes murieron o resultaron heridos, aunque esas cifras no han podido ser verificadas de forma independiente. Del lado hutí, el portavoz militar Yahya Sarea afirmó que aviones de combate de Arabia Saudí realizaron 38 incursiones y ataques con misiles contra Taiz, Saada y Hajjah, y añadió que hubo víctimas civiles. La nueva escalada deja así un escenario de versiones contrapuestas, daños crecientes y una situación cada vez más opaca para la población atrapada en la zona de combate.
