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El 2028 se adelanta entre desgaste político y un electorado cada vez más distante

septiembre 15, 2026 · Redactor
El 2028 se adelanta entre desgaste político y un electorado cada vez más distante
Foto: hoy.com.do

La discusión sucesoral arranca mientras crecen la abstención, la desconfianza en el sistema y las dudas sobre la capacidad de los partidos tradicionales para convencer.

La conversación sobre las elecciones de 2028 se ha instalado con anticipación en un escenario marcado por el desgaste de la política tradicional y por señales de alerta institucional que el sistema no ha logrado corregir. El propio repaso de las últimas décadas muestra que la competencia ha girado alrededor de las mismas estructuras partidarias —Partido Reformista, PRD, PLD y PRM—, mientras aumenta la distancia entre la ciudadanía y la oferta electoral.

En ese cuadro, el texto recuerda que ni Luis Abinader ni Danilo Medina pueden ser candidatos dentro de dos años por razones constitucionales, pero sí Leonel Fernández, pese a que ya fue presidente en tres períodos. También señala que Fernández enfrenta una alta tasa de rechazo y menciona a Omar como posible relevo. Más allá de los nombres, el dato político de fondo es otro: la sucesión se discute cuando una parte creciente del electorado se declara independiente, lo que vuelve más incierto cualquier pronóstico y obliga a una fiscalización más estricta de los partidos y de quienes hoy ejercen el poder.

La magnitud del desencanto aparece en las cifras citadas: si en 1981 apenas un 7% decía no pertenecer ni simpatizar con partido alguno, hoy ese segmento sube a 44%. A eso se suma una abstención de 46% en 2024. Según las encuestas mencionadas, muchos no votan porque ningún candidato convence, por falta de confianza en el sistema político o por ausencia de buenas propuestas. Ese contraste entre la discusión temprana por 2028 y la crisis de credibilidad del presente deja una advertencia clara: antes que una carrera de nombres, el país enfrenta una demanda de rendición de cuentas, resultados y reconexión real con los votantes.