El presidente Luis Abinader encabezó en el Salón de las Cariátides del Palacio Nacional un momento de oración nacional denominado “Ora y Acciona RD”, junto a monseñor Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, y al reverendo Julio Morales, de las iglesias evangélicas Codue. La actividad se produjo en la víspera del simulacro nacional contra un posible terremoto y se presentó como una señal de paz, inclusión y respeto entre distintos credos.
La escena refuerza una práctica pública que ha acompañado a Abinader desde que asumió el cargo: su exposición constante de la fe católica, con la primera dama Raquel Arbaje, en celebraciones eucarísticas y actos religiosos. El texto original la describe como un rasgo que lo distingue de gobernantes anteriores, pero el traslado de esa impronta al centro del poder también abre una discusión institucional sobre las prioridades del Gobierno dominicano y la necesidad de que los gestos simbólicos no sustituyan explicaciones ni resultados verificables ante la ciudadanía.
La convocatoria reunió a representantes de la Iglesia católica, del Concilio de las Asambleas de Dios y de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ese componente ecuménico fue presentado como un hito en el espacio público. Sin embargo, el propio enfoque de la actividad confirma que la sociedad civil mantiene razones para vigilar cómo la Presidencia convierte actos de alto contenido simbólico en narrativa de gobernanza, especialmente cuando el debate público exige fiscalización, contraste entre discurso y realidad, y respuestas concretas desde las instituciones.
