Persisten los obstáculos para tratar la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica asociada al exceso de grasa corporal y a un mayor riesgo de complicaciones, entre ellas problemas en el corazón y los vasos sanguíneos. Pese a los avances médicos, especialistas y entidades advierten que la desinformación y los mitos continúan condicionando el acceso y el abordaje profesional de quienes requieren atención.
Ese desajuste entre la evidencia clínica y la percepción social vuelve a poner bajo la lupa la forma en que se informa y se atiende esta enfermedad. En los últimos años hubo cambios relevantes en la accesibilidad y en el manejo médico de la obesidad, además de iniciativas para facilitar el acceso a medicamentos, pero los prejuicios siguen presentes. Entre los desarrollos mencionados por los especialistas está la semaglutida 2,4 mg, con un descenso de peso promedio del 17% y reducciones del 21% en uno de cada tres pacientes, junto con beneficios para preservar la masa muscular y disminuir el riesgo cardiovascular.
La cardióloga Carolina Chacón, especialista en Obesidad y Diabetes y directora Médica del Instituto de Investigaciones Clínicas de Rosario, subraya que la obesidad no depende solo de la fuerza de voluntad ni puede resumirse al temor del “efecto rebote”. Según plantea, se trata de una enfermedad crónica vinculada al tejido adiposo y a alteraciones en las señales hormonales que regulan el hambre y la saciedad, por lo que requiere un abordaje sostenido y multidisciplinario. La advertencia de los expertos insiste en una deuda que persiste: sin información rigurosa y seguimiento profesional, el costo continúa recayendo sobre los pacientes.
