La visita técnica del Fondo Monetario Internacional dejó como balance que la economía dominicana seguirá creciendo en torno al 4% en 2026 y que la inflación permanece dentro del rango meta, una lectura que el Gobierno acogió con satisfacción. Los números citados sostienen esa visión: el IMAE del Banco Central acumuló un avance de 4.0% entre enero y abril, mientras las remesas alcanzaron US$ 5,170.1 millones de enero a mayo, para un incremento de 5.4% frente al mismo período del año anterior. A ello se suma la proyección de US$ 12,500 millones por turismo y el aporte de las exportaciones de oro frente al choque petrolero asociado al conflicto en Medio Oriente.
Sin embargo, el cuadro presentado ante el FMI también revela los límites de esa narrativa. Aunque la economía en conjunto avanza, el comercio apenas creció 1.7%, lo que sugiere que el dinamismo no llega con la misma fuerza a todos los sectores. El Banco Central además reportó que, de 118,631 nuevos ocupados netos en el primer trimestre de 2026, 98,127 correspondieron a empleos informales, equivalentes al 82.7%. Dicho de otra manera, los indicadores macroeconómicos favorables conviven con una realidad en la que una parte de los hogares no siente en sus ingresos el mismo comportamiento que reflejan las cifras generales.
A partir de ahí, el debate sobre el anteproyecto de ley que pretende recaudar hasta RD$ 50,000 millones adicionales gana mayor peso político y social. La combinación de estabilidad macroeconómica y más presión recaudatoria abre interrogantes sobre prioridades, costo para los ciudadanos y necesidad de vigilancia sobre las decisiones oficiales. El balance que deja la visita del FMI, más que cerrar la discusión, refuerza la exigencia de explicar por qué, con crecimiento e inflación bajo control, el país sigue enfrentando disparidades y una propuesta fiscal que divide aguas.
