A pocas semanas de la revisión profunda de la Ley de Presupuesto de 2026, la atención ya no se concentra únicamente en los subsidios a los combustibles. El propio desempeño del sector eléctrico añade otra fuente de presión: las pérdidas de las distribuidoras de electricidad (EDE), que en lugar de bajar como se proyectaba para este año han mostrado aumentos preocupantes y generan sobregiros adicionales prácticamente equivalentes a los de los combustibles. Ese panorama obliga a mirar con detalle la situación actual del sistema.
Las cifras más recientes del Organismo Coordinador indican que la energía bruta inyectada por las centrales del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) alcanzó 7,178.87 GWh hasta abril de 2026, para un alza de 1.60% frente a los 7,065.96 GWh registrados en igual período de 2025. Aun así, ese avance queda por debajo del crecimiento de la economía en el mismo lapso. De acuerdo con datos preliminares del Banco Central, el IMAE subió de 126.2327 a 131.3424 entre abril de 2025 y abril de 2026, equivalente a 4.05%, lo que deja un contraste entre el desempeño económico y la capacidad efectiva del sistema para acompañarlo.
Entre las explicaciones señaladas figura el “curtailment”, que habría impedido inyectar al SENI alrededor de 170 GWh de energía renovable. Sin esa no inyección, el crecimiento de las inyecciones al sistema habría sido de 4.00%. Aunque el texto resalta un crecimiento satisfactorio de la capacidad instalada gracias a las inversiones privadas, los datos también dejan sobre la mesa una alerta de gestión: con mayores necesidades presupuestarias y energía disponible que no logra entrar al sistema, la discusión ya no gira solo en torno a la expansión, sino también a los resultados, la eficiencia y la rendición de cuentas en el manejo del sector eléctrico.
