São Paulo.- En el último día autorizado para la propaganda electoral antes de la segunda vuelta de este domingo, Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato opositor Flávio Bolsonaro concentraron sus mensajes en la esperanza y el cambio, pero el cierre televisivo dejó además un contraste central de la campaña: la defensa del balance oficial frente a una oposición que intenta convertir el malestar en demanda de relevo.
La franja de Lula apostó por blindar su gestión y desacreditar a su rival. Una mujer afirmó que la campaña de Flávio actúa en un «acto de desesperación» y lo acusó de difundir noticias falsas, antes de enumerar acciones de cuando Bolsonaro era legislador y promesas como el «tijeretazo» para estabilizar las cuentas públicas. El programa también sostuvo que el opositor «va a cortar salario, jubilaciones y programas populares», que «prometió que va a privatizar Petrobras» y preguntó: «¿Ya reparó en que, donde hay escándalo de corrupción, Flávio está en el medio?». Después, Lula admitió que «aún hay mucho por hacer», aunque defendió que «el Brasil de hoy es mucho mejor que el Brasil que encontró» y presentó la votación del domingo como una decisión sobre el «camino correcto».
Bolsonaro, por su parte, eligió un cierre más emocional, con músicos tocando el himno nacional en varias ciudades y un mensaje de agradecimiento al pueblo brasileño, al que atribuyó haberlo llevado a conocer el «Brasil real» y a convertirse en un «nuevo Flávio». La pieza lo mostró en recorridos de campaña por distintas regiones del país, en un intento por reforzar cercanía con el electorado en la recta final. El contraste entre una defensa de gestión que reconoce tareas pendientes y una oposición que insiste en el cambio terminó por subrayar que la disputa llega al domingo bajo presión por resultados, credibilidad y vigilancia sobre lo que cada bloque promete.
