Mientras República Dominicana impulsa RD Inteligente para alfabetizar en inteligencia artificial a un millón de dominicanos, las advertencias sobre esta tecnología se multiplican. El contraste no está en aprender a usarla, sino en la distancia entre su adopción acelerada y las preguntas que siguen abiertas sobre manipulación de la información, sesgos algorítmicos, pérdida de empleos y dependencia de sistemas que ya intervienen en tareas antes reservadas a las personas.
El texto señala que esa discusión llega tarde, como ocurrió con las redes sociales y las plataformas digitales, incorporadas con rapidez y evaluadas mucho después por sus efectos sobre niños y adolescentes. Así, la expansión de la IA aparece menos como una simple modernización que como una alerta institucional: cuando una máquina influye en decisiones humanas, incluso en escenarios extremos, también se vuelve más difícil exigir responsabilidad, investigar daños y fijar límites claros.
Esa es la brecha que la alfabetización técnica por sí sola no cierra. La experiencia descrita en el artículo insiste en que usar inteligencia artificial no equivale a comprenderla ni a someterla a juicio crítico. Frente al discurso de innovación, el punto decisivo sigue siendo otro: comprensión lectora, conocimientos, razonamiento y vigilancia pública para detectar errores, incoherencias y posibles formas de manipulación en una esfera digital cada vez más influyente sobre la vida democrática.
