Los testimonios presentados en una rueda de prensa organizada por la Fundación de Enfermedades Inflamatorias Intestinales Crohn y Colitis Región Norte (FUNDENICC) volvieron a poner al descubierto la crisis de acceso a tratamientos de Alto Costo, con pacientes que describieron el golpe económico y sanitario de las demoras. Francisco Minier, diagnosticado con colitis ulcerativa hace un año y medio, resumió su situación con una frase contundente: “Es esperando la muerte que estamos”, al tiempo que explicó que ha tenido que vender su vehículo, una finca de limones en Loma de Cabrera y mantener hipotecada su vivienda para cubrir gastos médicos.
Minier afirmó que todavía espera el tratamiento que necesita para controlar la enfermedad. En la misma actividad, Nayeli García, de 25 años e ingeniera en Tecnología de los Alimentos, denunció que lleva más de dos años aguardando la aprobación de un cambio de medicamento, luego de que su organismo dejara de responder al tratamiento que recibía. “Hace más de dos años mi cuerpo dejó de responder al medicamento Humira debido a los retrasos para recibirlo. Solicité un cambio con todo el papeleo y aún no lo aprueban”, manifestó.
Los casos expuestos colocan bajo escrutinio la respuesta institucional ante pacientes que aseguran haber agotado trámites sin conseguir soluciones, mientras el costo de la espera recae de forma directa sobre su salud y su patrimonio. La denuncia pública de FUNDENICC vuelve a centrar la atención en la necesidad de explicaciones y seguimiento a los retrasos que, según los afectados, están agravando su situación.
