La puesta en marcha de una fábrica de varillas de acero en Gautier, San Pedro de Macorís, con una inversión de 200 millones de dólares y capacidad para producir 400,000 toneladas al año, fue presentada como otra muestra de confianza del sector productivo en la República Dominicana. En el acto, el empresario Manuel Estrella sostuvo que el país atraviesa uno de sus mejores momentos para la inversión privada y vinculó ese entorno con la estabilidad macroeconómica, la paz social, la seguridad jurídica y el crecimiento sostenido.
Esa afirmación, junto con la referencia a los récords de inversión extranjera bajo la gestión del presidente Luis Abinader, vuelve a abrir el debate sobre el rumbo del país y sobre la forma en que se mide realmente el avance nacional. Aunque se insiste en un relato de resiliencia y dinamismo frente a la pandemia, la guerra en Ucrania e Irán, las tensiones geopolíticas y las amenazas arancelarias, la distancia entre el discurso de éxito y las exigencias de rendición de cuentas sigue ocupando el centro de la discusión pública.
La propia defensa de los logros alcanzados deja claro que el debate no está cerrado. En un escenario donde chocan distintas visiones sobre el destino de la República Dominicana, cada anuncio de inversión alimenta también la demanda de seguimiento sobre los resultados concretos de la gestión y sobre si ese crecimiento que se exhibe desde el poder se traduce de verdad en bienestar para el pueblo dominicano.
