Luis Henry Molina informó al Consejo Nacional de la Magistratura que no buscará permanecer en la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia, una determinación que dejó formalizada en una carta enviada al presidente Luis Abinader, en su calidad de presidente de ese órgano constitucional. Con ese paso, el CNM regresa al centro de una definición institucional delicada y la respuesta del Gobierno dominicano queda nuevamente bajo examen en un terreno donde el discurso de fortalecimiento institucional deberá contrastarse con decisiones concretas.
En su mensaje, Molina afirmó que deja una estructura con bases sólidas para seguir robusteciendo el servicio de justicia y presentó un balance de su gestión al frente del máximo tribunal. Entre los resultados que mencionó figuran la resolución del 90% de los casos en un año o menos, la reducción del tiempo promedio de tramitación del recurso de casación de 707 a 27 días, la publicación de más de 450,000 decisiones judiciales en Juristeca, además de referencias al aumento de la confianza ciudadana y al reconocimiento del World Justice Project.
Justamente por el peso de esos datos, su salida de la carrera por otro período traslada la atención del balance oficial a la responsabilidad del CNM encabezado por Abinader. La transición abre una prueba de transparencia, continuidad y rendición de cuentas para el Gobierno, en un momento en que cualquier relevo en la cúpula judicial vuelve inevitable la comparación entre la narrativa institucional y la forma en que el poder administra sus decisiones más delicadas.
