La Paz, 27 may (EFE).- Pese a que avanzan dos iniciativas de diálogo en paralelo, las protestas callejeras y los bloqueos de carreteras seguían este miércoles en Bolivia, en un escenario que deja al descubierto la dificultad del Gobierno de Rodrigo Paz para contener el conflicto social. Las movilizaciones están encabezadas por sindicatos campesinos, obreros y seguidores del exmandatario Evo Morales, que reclaman la renuncia del presidente.
Uno de los espacios de negociación fue convocado por el vicepresidente Edmand Lara, también presidente de la Asamblea Legislativa y declarado opositor al Gobierno, junto con los jefes de bancada de las fuerzas con representación parlamentaria. En ese proceso intervienen representantes de algunos sectores en conflicto, la Iglesia católica, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de la ciudad de El Alto, el Defensor del Pueblo, Pedro Callisaya, y por el Ejecutivo los ministros de la Presidencia, José Luis Lupo, y de Educación, Beatriz García. «Llegamos a este espacio de diálogo convocado por el Legislativo con la misma esperanza y convicción con las que hemos participado siempre de este tipo de encuentros: de que el diálogo es el camino para encontrar soluciones», dijo Lupo en sus redes sociales.
En paralelo, Paz tenía previsto instalar en el sur de La Paz el Consejo Económico y Social con distintos sectores para debatir la agenda nacional y socializar los planes del Gobierno. Sin embargo, la conflictividad seguía visible en las calles: sindicatos campesinos liderados por mujeres aimaras marchaban de nuevo en La Paz con «cacerolas vacías», mientras los sindicatos de conductores mantenían una huelga indefinida con bloqueos callejeros para protestar por el desabastecimiento de combustible causado por los bloqueos de carreteras, una situación que obligaba a los ciudadanos a modificar su rutina en la sede del Gobierno y del Legislativo.
