Diversos problemas de la vida cotidiana están dejando al descubierto una ausencia de liderazgo responsable en las instituciones y actores que inciden en lo público. Entre los ejemplos más visibles figuran el manejo deficiente de la basura y la falta de aplicación de normas básicas en las carreteras, dos fallas que golpean directamente a la ciudadanía y evidencian la distancia entre las obligaciones oficiales y los resultados reales.
En el caso de los desechos, las consecuencias ya son conocidas: drenajes tapados, deterioro de la higiene, daño al asfalto, inundaciones y aceras intransitables, además de vehículos varados que agravan los embotellamientos. El señalamiento central es que los organismos competentes no están logrando imponer lineamientos eficaces para la disposición de la basura, el reciclaje y la limpieza de los drenajes, pese al impacto que esa omisión tiene sobre la vida urbana.
A eso se suma la situación en las carreteras, donde vehículos pesados continúan transitando por el carril izquierdo, obligando a maniobras en zizag que elevan el riesgo de accidentes. Aunque la ley establece que deben circular por la derecha, esa disposición no se hace cumplir. El resultado, según el texto, es una pasividad oficial que contrasta con la diligencia para cobrar impuestos, pero no para prevenir daños, proteger vidas ni preservar carreteras más seguras y eficientes.
