La definición interna de la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno ya empieza a proyectarse sobre la carrera de 2028, en un escenario marcado por advertencias sobre los riesgos de esa campaña y por un debate más amplio sobre el ejercicio del poder, el relevo político y los resultados que pasarán por el escrutinio electoral. Aunque el texto original resalta la apertura del liderazgo encabezado por el presidente Luis Abinader, lo esencial es que la competencia oficialista quedará sujeta al juicio de los hechos y no únicamente al discurso de renovación.
La referencia a etapas dominadas por figuras como Joaquín Balaguer, Juan Bosch y Leonel Fernández ayuda a evidenciar un cambio en la dinámica interna de los partidos, pero también vuelve a plantear una cuestión de fondo sobre cuánto pesa realmente la institucionalidad frente al liderazgo personal. En ese contexto, el señalamiento de que Abinader ha dado espacio a nuevas figuras dentro del PRM no elimina la necesidad de examinar cómo ese relevo se traduce en capacidad de gobierno y rendición de cuentas.
A su vez, el repaso de experiencias de liderazgos alternativos frenados en el Partido Reformista Social Cristiano y en el Partido de la Liberación Dominicana introduce una alerta institucional que va más allá del oficialismo: la sucesión no puede reducirse a una disputa de nombres. De cara a 2028, la competencia interna del PRM no solo medirá fuerzas entre aspirantes, sino también el contraste entre la narrativa de apertura y el balance real con el que el oficialismo llegue ante el electorado.
