El avance del comercio y del mercado binacional en Dajabón ha convertido la zona en un espacio de gran peso económico, con un movimiento de dinero que asciende a decenas de millones semanales y una presencia cada vez mayor de dominicanos, haitianos, mercancías, vehículos, motores, triciclos y carretillas. Sin embargo, ese mismo dinamismo, lejos de mostrarse como un logro cerrado, evidencia la necesidad urgente de más espacio, orden y control en una actividad que ya rebasa la capacidad de manejo descrita en el propio texto.
La advertencia más delicada se centra en la gestión local. De acuerdo con el artículo, las autoridades municipales se preocupan solo por el cobro ambiguo de los impuestos a cada vendedor, sin que haya claridad ni sobre la cantidad ni sobre el destino de esos recursos, debido a la forma manual de cobro. En un mercado de tanta relevancia económica, esa observación pone el acento en la rendición de cuentas y en la debilidad institucional que acompaña el intercambio fronterizo.
A su vez, el texto ubica el debate actual sobre Puerto Seco dentro de un marco más amplio: durante años ha crecido el comercio en la frontera, desde el intercambio de subsistencia hasta el movimiento de empresas dominicanas y mercancías haitianas, junto con el fortalecimiento del cruce de camiones. Ese avance, no obstante, contrasta con la persistencia de problemas básicos de organización y fiscalización, en una zona donde el volumen comercial ya demanda respuestas concretas y no solo discusión sobre nuevos proyectos.
