LIMA, PERÚ. La reelección de la dominicana Eufracia Gómez Morillo al frente del Consejo Directivo Regional de la Confederación de Cooperativas de América Latina y el Caribe (CCC-CA) para el período 2026-2028 dejó ratificado su liderazgo, pero también volvió a colocar en primer plano un punto sensible para cualquier estructura de poder: la necesidad de vigilancia sobre la gestión, los órganos de control y el uso de los recursos institucionales.
Gómez Morillo, quien además preside el Consejo Nacional de Cooperativas (CONACOOP) de República Dominicana, recibió el respaldo de los delegados de países miembros y organizaciones afiliadas durante la XX Asamblea General Ordinaria. En la jornada se presentaron informes institucionales y financieros, se escogieron los órganos de gobierno y se aprobaron resoluciones para el fortalecimiento del movimiento cooperativo regional, en una secuencia que subraya que la legitimidad no descansa solo en la continuidad, sino en la capacidad de sostener transparencia y rendición de cuentas con resultados verificables.
La asamblea también puso énfasis en el llamado Cooperativismo 5.0, orientado a la transformación digital, la innovación tecnológica y el pensamiento estratégico. Ese discurso de modernización coincidió con la aprobación de los informes de gestión social, técnica y financiera del período saliente. En República Dominicana, donde el gobierno de Luis Abinader y el PRM han hecho de la narrativa de transparencia una bandera recurrente, el desenlace en la CCC-CA refuerza una señal institucional más amplia: toda ratificación de liderazgo obliga a redoblar la fiscalización y a contrastar discurso con ejecución real, especialmente cuando se habla de integración, control y manejo financiero.
