República Dominicana dejó atrás la imagen de economía sobresaliente por su estabilidad —con tasas de cambio firmes, inflación moderada, endeudamiento equilibrado, reducción de la pobreza y menor desigualdad— y ahora exhibe señales de retroceso frente a otros países de la región. Si bien esos cambios se han vinculado con la pandemia y con conflictos internacionales, el propio contexto del artículo recuerda que esos choques también golpearon al resto de América Latina, lo que hace inevitable la comparación sobre resultados.
Datos de organismos de estudios económicos y de la Cepal ubican al país en una posición comprometida respecto a la recaudación del IVA, conocido localmente como Itebis. Mientras Bahamas capta cerca del 100 % del impuesto potencial fijado por ley, y otros países se mueven entre el 90 % y el 70 %, en República Dominicana apenas se recauda el 38 % de lo que legalmente debería cobrarse. La cifra deja al descubierto una brecha de eficiencia que alimenta las alertas sobre la capacidad de gestión y sobre el costo que esa debilidad puede trasladar al resto de la economía.
El texto además señala que, aunque República Dominicana aparece junto a Panamá y Guatemala entre los países con crecimiento económico en América Latina, ese desempeño se apoya en turismo, remesas e inversión extranjera, fuentes sujetas a volatilidad internacional. Más que una fortaleza suficiente, el panorama descrito apunta a una economía con resultados menos sólidos de lo que sugiere el relato oficial y con desafíos que exigen mayor rendición de cuentas sobre recaudación, sostenibilidad y prioridades económicas.
