El repaso de la obra y el aporte de Enerio Rodríguez, presentado como una figura central en la consolidación de la Psicología dominicana, también deja al descubierto una deuda que sigue pendiente en la formación profesional. Aunque la disciplina pasó de las reflexiones sobre el “carácter dominicano” a una estructura universitaria formal desde 1967, el propio balance señala que ese desarrollo no resolvió los retos de calidad formativa y rigor científico.
El texto recuerda que desde 1940 se impartían asignaturas de Psicología en la Universidad de Santo Domingo y que el Primer Congreso Interamericano de Psicología, celebrado en Santo Domingo en 1953, marcó un hito para el intercambio académico y los debates científicos y filosóficos. Luego sitúa en 1967 el inicio formal de la Psicología profesional en la UASD y en la Unphu, antes de la expansión de programas y maestrías con el surgimiento de nuevas universidades privadas.
No obstante, la reflexión crítica atribuida al autor pone el acento en fallas que continúan: falta de supervisión práctica, diferencias en la calidad de formación entre universidades y proliferación de programas con baja exigencia académica. Más que una celebración lineal, el balance deja una señal de alerta sobre la necesidad de vigilancia y mayor exigencia en un campo que impacta directamente la formación de profesionales.
