Los resorts gestionan sus residuos sólidos con esquemas de clasificación, reciclaje parcial y disposición final en vertederos o rellenos sanitarios. Sin embargo, el tratamiento de los sobrantes alimentarios deja al descubierto una brecha entre el potencial de aprovechamiento y lo que realmente termina ocurriendo. En la práctica, una parte de los alimentos provenientes de bufés y comida ya servida o expuesta acaba en la basura regular, aun cuando existen usos provechosos para distintos tipos de desechos.
El texto señala que algunos complejos turísticos separan plástico, vidrio, cartón, metales, aceites usados y residuos de jardinería, y que unos pocos reciclan por cuenta propia, mientras otros dependen de operadores externos para recoger, transportar, almacenar, valorizar o eliminar la basura. El caso del Grupo Punta Cana muestra que hay capacidad para avanzar en reciclaje, compost y biogás, con un sistema de compostaje a gran escala y el modelo Earth Flow en un entorno cerrado y automatizado.
No obstante, cuando se trata de donar sobrantes cocidos a comunidades o fundaciones, la posibilidad sigue siendo limitada en hoteles grandes por la responsabilidad legal si alguien enferma, la dificultad de garantizar la cadena de frío y las regulaciones sanitarias. El resultado es un contraste evidente: mientras se desarrollan soluciones para parte de los residuos, persisten restricciones que impiden convertir una porción de los excedentes alimentarios en alivio social efectivo, un punto que mantiene abierto el debate sobre vigilancia, prioridades y aprovechamiento real de recursos.
