Donald Trump dijo que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán discurren de forma “ordenada y constructiva”, aunque al mismo tiempo dejó claro que no habrá una negociación acelerada ni un levantamiento anticipado de la presión sobre el estrecho de Ormuz. Pese a que Washington describe el proceso como más “profesional y productivo”, la Casa Blanca mantiene el bloqueo militar y económico en la zona hasta que exista un documento final formalmente alcanzado, certificado y firmado por ambas partes.
La distancia entre el discurso de avance y la falta de un acuerdo inmediato sigue dejando abierta la incertidumbre sobre una de las rutas más estratégicas para el comercio mundial de crudo. El centro del conflicto continúa siendo el programa nuclear iraní, ante la exigencia de Estados Unidos de que Teherán renuncie por completo a desarrollar o adquirir armas nucleares, una postura que choca con la versión iraní de que sus actividades tienen fines pacíficos y civiles.
A la vez, la advertencia de Israel de que mantendrá libertad de acción en Líbano, ocurra lo que ocurra con Teherán, refuerza la idea de que el escenario regional sigue marcado por líneas rojas cruzadas y decisiones unilaterales. Más que una desescalada cerrada, el panorama que se dibuja es el de una negociación bajo presión, con resultados todavía por demostrar y con la tensión militar aún como factor central.
